lunes, 21 de mayo de 2012

Escribe, escribe, escribe...

A veces me pregunto para qué quiero una fábrica de sueños que no fabrica sueños. Una fábrica sin sueños con los cimientos en el aire, tan incierto. En noches así, sin apenas palabras, sin apenas ganas de escribir, sin ganas de soñar ni de poner a fabricar sueños al mundo, mi mundo pequeño, que cabe en los diez dedos de mis dos manos. Sólo aquí.

Noches así, en que sólo me rompe el silencio mis ganas de no decir nada; este silencio denso de una noche mojada sin tormentas; noches así en que sólo me rompe la soledad la mirada transparente, las canicas azules de mi siamesita, que anda por aquí a su bola, se va y siempre regresa. Como la misma vida, que nos acerca y nos separa, que nos cose, nos rompe, nos recompone y nos vuelve a quebrar. Como las aguas atlánticas que un día mojaron mis pies. Como las ráfagas del viento que mecen a su capricho el cereal manso. Como las olas breves que arriban a tierra, lamen la arena y regresan a la inmensidad del océano.

Noches así, de luna esquiva, en las que pesa el tiempo como si lo llevásemos todo sobre la espalda. Noches sin tiempo. Como si fuesen de plomo las pestañas y torpes los dedos que teclean, que no saben a dónde van, qué quieren. Como si fuese imposible poner en marcha una fábrica de sueños con óxido en sus entrañas, tan enquistada en su inactividad.

Entonces abro la puerta, entro sin echar el pestillo y dejo que llueva en la calle. Y me digo: escribe, escribe, escribe...

3 comentarios:

Angela Hernandez dijo...

es una locura que lo dejes, tienes un don... ana un beso muy fuerte.

Anónimo dijo...

ESCRIBE, por favor. Eres unica.

Guarismo dijo...

Pues hazlo, Ana. Escribe, escribe, escribe... no nos dejes sin sueños. ¡Fabrícalos!

Un abtrazo,

Miguel